martes, 26 de julio de 2016

Confesiones de una noche invernal.

Viendo TV, una serie del montón, me doy cuenta que quisiera tener la habilidad de escribir todo lo que se me viene a la mente, al corazón o tengo en el hipotálamo, como quieras plantearlo. Mi cabeza da vueltas, mi estómago también. Son esas malditas mariposas que, si estuviera enamorándome, las entendería, pero ahora no estoy ni cerca de ese proceso. Quiero hacer mil cosas, pero primero quiero que esta maldita ansiedad desaparezca. Al mismo tiempo necesito cosas que filosóficamente se oponen. Como estar sola y al mismo tiempo una pareja que me vuele la cabeza. Como se que la segunda posibilidad nunca va a aparecer, la tengo absolutamente descartada. Me dedico a formarme profesionalmente, total, los tipos no sirven para más que una noche. Para pasar un rato.  
Lo que me estaría complicando en este momento es la falta de laburo, no poder establecer mi rutina diaria. Mi psicóloga dice que debo calmarme un poco, que más no puedo hacer y el momento no es el adecuado. Hay una parte de mi psiquis que entiende todo esto, pero otra que no lo entiende para nada; esta parte es la que esta jodiendo todo lo que tendría que mantenerme estable y estudiando. 
Nadie nunca me ha dicho que escribir me haga nada, en ningún sentido, pero tengo la sincera creencia que sirve de alguna manera para hacer catarsis de mi nivel de angustia. Sino es así es una muy buena terapia y va a servir en el futuro para poder ver mi evolución. 
No busco culpar a nadie de nada, aunque de ser así tendría que hacer mierda a mi ex, que no deja de mandarme mensajes después de un mes sin vernos, pero ese es el menor de mis males. En definitiva y cuando me pudra, lo terminaré mandando a la mierda, pero no es mi objetivo hacer leña del árbol caído, como quien diría.